Reflexión sobre Participación, Evaluación y Rol del docente
Pensar la participación, la evaluación y la moderación en contextos educativos mediados por lo digital empieza con el trabajo cotidiano del aula. A lo largo de los años he construido una ruta didáctica apoyada en el diálogo constante, la lectura conjunta, la socialización de avances, la coevaluación frecuente, el uso de rúbricas y criterios claros, la resolución de problemas y, en muchos momentos, el juego como estrategia pedagógica. Esta forma de trabajo se ha ido configurando a partir del ensayo error y el ajuste continuo, observando cómo aprenden los estudiantes y cómo se transforman sus procesos cuando se les ofrece un acompañamiento cercano (Narváez y Prada, 2005).
Las lecturas que he realizado a lo largo de este camino me han permitido nombrar y comprender mejor estas prácticas. Diversos autores conciben el aprendizaje como un proceso activo en interacción con otros, en el que el estudiante ocupa un lugar central en la toma de decisiones sobre su propio aprendizaje (Siemens, 2006; Downes y Leal, 2008); ideas que dialogan con lo que ocurre en mi aula, en el trabajo cotidiano con adolescentes y jóvenes, y me ofrecen un marco para comprender por qué ciertas dinámicas favorecen procesos y por qué otras no.
A partir de este marco, entiendo la participación como una implicación consciente en el proceso de aprender. Participar supone leer con atención, contrastar información, formular preguntas, tomar decisiones y sostener una postura frente a lo que se escribe o se analiza (Siemens, 2006). En entornos mediados por tecnologías, las fuentes, los recursos y las herramientas se multiplican y esto exige una participación centrada en la capacidad de reflexión en escenarios complejos (Downes y Leal, 2008). La experiencia de aula y los referentes teóricos coinciden en señalar que esta participación se vincula con la autonomía del estudiante y con su responsabilidad frente al propio proceso de aprendizaje (Narváez y Prada, 2005).
Por lo tanto esta noción de participación, atravesada por el tránsito hacia entornos educativos mediados por nuevas tecnologías, ha tenido impacto sobre la concepción de la evaluación y en el rol del docente. En la práctica escolar, la evaluación ha sido uno de los ámbitos de mayor tensión, pues los enfoques tradicionales centrados en el resultado final, la calificación y la acumulación de evidencias resultan limitados para comprender lo que ocurre cuando los estudiantes aprenden en contextos mediados por herramientas digitales. En diálogo con referentes que plantean la evaluación como un proceso continuo, formativo y situado, y a partir de lo que observo en el trabajo cotidiano en el aula, he ido configurando prácticas evaluativas que privilegian la observación, el diálogo y la retroalimentación como formas de acompañar los procesos de aprendizaje y de hacer visibles los recorridos que construyen los estudiantes (Peláez, 2006).
De la misma manera, esta transformación de la evaluación se articula con la reconfiguración del rol docente. la función del profesor se redefine hacia tareas de acompañamiento, mediación pedagógica y orientación de los procesos de aprendizaje, en escenarios donde el acceso a la información es amplio y permanente y donde los estudiantes interactúan con múltiples fuentes y herramientas de manera simultánea (Siemens, 2006; Downes y Leal, 2008). En este contexto, la labor docente adquiere sentido en la capacidad de proponer ambientes de trabajo, formular preguntas relevantes, sostener el diálogo y favorecer la construcción de criterios (Drexler, 2010).
Por consiguiente, el rol que ocupo en el aula también se ha ido reconfigurando. Mi trabajo se orienta hacia una presencia que acompaña los procesos, plantea preguntas, orienta las búsquedas y cuida el sentido de lo que se hace en clase. En contextos educativos atravesados por múltiples demandas, emociones y tecnologías, este rol implica una disposición constante a contener, escuchar y proponer caminos que favorezcan la autonomía, la reflexión y la participación activa de los estudiantes; es decir, busco crear condiciones para que los estudiantes puedan tomar decisiones y asumir responsabilidades sobre su proceso de aprendizaje(Drexler, 2010).
Pensar la participación, la evaluación y la moderación en contextos educativos atravesados por tecnologías digitales implica reconocer que el contexto educativo también se transforma de manera constante, junto con las prácticas, los recursos y las formas de aprender de los estudiantes, lo que exige una revisión permanente desde la experiencia en el aula. En ese escenario, otro de los aspectos del rol del docente tiene que ver con la capacidad de observar, ajustar y transformar su práctica a medida que el propio contexto educativo se reconfigura.
Referencias
Drexler, W. (2010). The networked student model for construction of personal learning environments: Balancing teacher control and student autonomy. Australasian Journal of Educational Technology, 26(3). https://doi.org/10.14742/ajet.1081
Downes, S., & Leal, D. (2008). El futuro del aprendizaje en línea: Diez años después. https://halfanhour.blogspot.com/2008/11/future-of-online-learning-ten-years-on_16.html
Narváez, M., & Prada, A. (2005). Aprendizaje autodirigido y desempeño académico. Tiempo de Educar, 6(11). https://www.redalyc.org/pdf/311/31161105.pdf
Siemens, G. (2006). Conociendo el conocimiento. Nodos Ele. https://books.google.com.co/books?id=Pj41TomgKXYC
Peláez, A. (2006). Propuesta de evaluación de los aprendizajes para ambientes de aprendizaje. Universidad Pontificia Bolivariana. https://virtual.upb.edu.co/content/enforced/74037-PGME-0044-202542-53126/Documentos/M6/Act1/M3_act1.1c%20PropuestaDeevaluacion2.pdf
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